soy Zufi potatus la rubia anorexica ok

lunes, 5 de enero de 2026

Mi amor frustrado por Santiago

Mis pasteles rosas podridos!!!! Nunca se los conté así, todo junto, pero creo que ya es momento.
Esta es la historia de un amor de secundaria la cual me marcó.

Cuando entré al colegio nuevo no me fijé en nadie. Era nueva alli, con mis 16 añitos De verdad. Estaba en modo automático, sobreviviendo, tratando de no llamar la atención, de no sentir demasiado. Pasaron varios días y ningún chico me movía nada… hasta que, más o menos a la semana y media, lo vi.

No fue una escena romántica ni nada de eso. Él estaba sentado, medio desarmado, disociando. Miraba a la nada como si no estuviera ahí. Yo estaba cerca de una ventana, con la cabeza apoyada sobre la mesa, cansada, ignorando la luz entrar. Y no sé por qué, pero ahí lo noté. No porque fuera llamativo, sino porque parecía perdido de una forma que yo conocía demasiado bien.
Y justo aquí empezó a sonar Francés Limón en mi mente apenas lo ví.
Él era Santiago. Solía vestir simple, un suéter rojo con cuello en "v", por debajo una camisa blanca que combinaba con unos jeans rectos de un gris oscuro con zapatos de vestir.., como si no le importara demasiado cómo se veía. Tenía esa forma de hablar tranquila, y una mirada que parecía estar siempre en otro lado. No era intenso, aunque era carismático de entrada, ademas era bastante alto y delgado. Y creo que todo eso me gustó de él.

No le hablé. Obvio. Me limité a mirarlo de lejos. Lo stalkeé mentalmente primero: cómo caminaba por los pasillos, cómo se sentaba, con quién hablaba, cuándo se reía, porque cuando se reía era distinto, más liviano. Después lo stalkeé de verdad. Redes, horarios, todo. Nunca con mala intención, solo con esa curiosidad que te consume cuando te gusta un chico. Pasó un tiempo así, miradas cruzadas, momentos incómodos, silencios largos. Hasta que un día llego al curso… y él estaba sentado en mi silla.

Literalmente, mi silla.Me quedé parada, medio dura, y fue ahí cuando hablamos por primera vez. Algo simple, una boludez, pero la química fue inmediata. Nos reímos como si ya nos conociéramos. Ese día se sentó a mi lado y no paramos. Reírnos, comentarnos cosas, mirarnos. Fue natural. Demasiado natural. Desde ahí todo se volvió más cercano, o al menos fueron así los siguientes meses, donde empezaron los gestos: abrazos por detrás, apoyarse, decirme que me había extrañado cuando no iba, buscarme con la mirada. Me decía que me quería. Quería sacarse fotos conmigo. Me cuidaba cuando me veía mal. Una vez me limpió las lágrimas con las manos, como si fuera lo más normal del mundo. Y yo hice lo mismo por él cuando se quebraba hablando de su vida, de su mamá, de su hermanito. Yo de verdad pensé que ahí había algo.

Nos veíamos todos los días. A veces hablábamos, a veces solo compartíamos el espacio. Yo lo veía salir del curso, caminar adelante con los demás. Lo veía en las escaleras. Lo veía cuando llegaba tarde y nos sentábamos cerca. Cada pequeño cruce era suficiente para mí.

Pero nunca hablamos claro. Nunca. Yo nunca dije “me gustas”. Y él nunca dijo “yo también”. Todo era implícito, tibio, cómodo… peligroso.
Después me enteré de ella. ¿De quien? De Martina...De que ella estaba, de que siempre estuvo, de que volvía. Y ahí algo se me cayó encima. No hice escándalo. No reclamé. Me alejé. Me volví fría de un día para el otro porque no sabía cómo quedarme sin romperme.
Pues Martina había sido pareja de Santiago, pero al año rompieron y a las semanas Santiago me conoció. El problema es que el y ella son de esas relaciones donde cortan y vuelven por décima vez. Y sacando la duda, Martina no iba ni a nuestro curso ni tampoco a nuestro colegio.
Nunca supe demasiado y creo que eso es lo más honesto que puedo decir.
No la conocí. No hablé con ella. No compartimos espacios ni palabras. Todo lo que sé de Martina lo sé de manera indirecta, fragmentada, como se conocen las cosas que no te pertenecen pero igual te afectan.
Santiago hablaba de ella a veces. No con bronca abierta, sino con una tristeza rara. Me decía que cuando solían estar juntos, ella lo maltrataba, que lo insultaba cuando se enojaba, que lo hacía sentir menos. Otras veces decía que lo aislaba, que no le gustaba que él se acercara a otros, que lo cerraba. Yo escuchaba, pero nunca supe qué creer del todo. Porque una cosa es lo que alguien cuenta cuando está herido, y otra muy distinta es la historia completa.
Nunca me sentí con derecho a juzgarla. No sabía cómo era ella realmente, ni qué cargaba, ni desde dónde actuaba. Pero tampoco pude ignorar lo que a mí me generaba estar en el medio sin saberlo.

Había momentos en los que sentía que yo era un descanso para él. Un lugar donde no se sentía controlado, donde podía reírse, hablar, apoyarse. Y eso, sin querer, me puso en un rol que nunca pedí. Sucedía eso mientras de fondo sonaba "La ciudad de la furia", una clave advertencia...No era su novia, no era su amiga solamente, pero tampoco era nada claro. Y esa ambigüedad fue lo que más me desgastó, porque luego de reflexionarlo tanto  llegue a la conclusión que él todavía la amaba, y yo no era suficiente. 
Pero tampoco podia ignorarlo, porque habian momentos lindos que recuerdo.
Él solía acariciarme el cabello mi cabello rubio, así, sin apuro, como si fuera algo familiar, me decía que el rosado me quedaba bien, que me suavizaba la cara, a veces se detenía a mirarme como si yo fuera una escena y no una persona.
Quería sacarme fotos, fotos juntos, fotos mías, le gustaba cómo salía, cómo me veía al lado suyo.
Yo no lo vivía como vanidad: lo vivía como cercanía, me decía que me había extrañado, no una vez. Varias.
Lo decía en voz baja, casi como si no quisiera que eso existiera demasiado, y yo, que nunca pedí promesas, lo tomé como algo sincero. Había abrazos por detrás, momentos cotidianos que no eran fríos, que no eran “cordiales”.Había algo ahí. O al menos eso parecía.
Como dije antes y hasta en la actualidad, creo que yo solo llegue a gustarle a Santiago, pero nunca lo enamore como yo de él, porque alguien mas tenia el lugar que yo deseaba.
En cuanto él me dijo que volvió con Martina, fue que me aleje completamente, no podía soportarlo.
Hubo una vez, en una plaza, que los vi a los dos. Fue un cruce breve, pero suficiente. Yo estaba ahí, tranquila, y de repente los vi. Santiago me vio también. Lo sé. Pero me ignoró. No fue un desprecio abierto. Fue peor. Fue esa indiferencia , como si yo no existiera. Como si todo lo que habíamos compartido pudiera borrarse con solo mirar para otro lado. Me dolió más de lo que me hubiera gustado admitir.
Ahí entendí algo que no quería entender: que cuando él estaba con ella, yo desaparecía. No porque yo hubiera hecho algo mal, sino porque era más fácil para él así. Elegir el silencio antes que el conflicto. Negar antes que hacerse cargo.
No culpo a Martina por eso. Tampoco la idealizo. Solo sé que, de alguna forma, su presencia marcó un límite que yo no podía cruzar, aunque nadie me lo hubiera dicho en voz alta.
Al final, lo que más me quedó no fue ella, ni siquiera él. Fue la sensación de haber estado en una historia donde nunca tuve un lugar claro. De haber sido importante en los gestos, pero invisible en las decisiones.
Y eso… eso sí me dolió.
Cuando terminaron las vacaciones y volvieron los últimos meses de clases, algo ya estaba distinto.
Yo me había alejado del todo. No como castigo, no como juego: simplemente porque entendí que seguir ahí me hacía mal.
Santiago lo notó. Se notaba en cómo ya no me buscaba, en cómo dejó de acercarse.
No hubo pelea. Hubo distancia. Aun así, seguíamos cruzándonos en miradas.
Esas miradas incómodas, largas a veces, rápidas otras, como si ambos supiéramos que algo había quedado suspendido, sin resolverse.Después desapareció por completo se fue al servicio militar.
No me sorprendió, porque él ya me lo había dicho antes.
Lo que sí pasó y siempre me quedó marcado, fue que, antes de irse, buscó una excusa para hablarme.
Se acercó para decirme que le gustaba mi maqueta.
Me preguntó cómo la había hecho.
Yo le expliqué los materiales, le agradecí el halago…
y me fui. nada más, no abrí nada, no cerré nada.
Solo me retiré.
Nunca más lo volví a ver porque se fue al ejército.
Hasta la graduación, ese día lo vi otra vez. Yahí, sabiendo que ya no había después, que no iba a haber más encuentros casuales ni miradas cruzadas, decidí decirlo.
No para cambiar nada, no para pedir algo, solo para no cargarlo más.
Le confesé lo que había sentido, lo que había sido para mí, lo que yo había vivido.
Y su respuesta fue correcta, educada, limpia.Demasiado limpia digo yo.
Me agradeció por decirlo, por la sinceridad. Dijo que valoraba mis palabras, y fue honesto: nunca había vivido nuestro vínculo desde ese lugar, nunca había sentido algo más que un trato cordial, y creía importante decirlo para no generar confusiones.
Me deseó lo mejor. Que siguiera adelante con tranquilidad.
Ahí entendí todo. No porque mintiera necesariamente, sino porque eligió contar la historia desde un lugar donde él quedaba a salvo.
Un lugar donde lo que pasó se volvía mínimo, casi inexistente.
Donde todo recaía en mí, donde esos abrazos, fotos, palabras, actos, sonrisas, caricias eran inexistentes de la nada.Y con eso, se cerró.
  No hubo drama, ni siquiera hubo reproche.
Solo la certeza de que yo sentí algo real, aunque él decidiera nombrarlo de otra forma, y eso, aunque duela, también es una forma de final..
Y así terminó. Sin pelea grande. Sin cierre real. Solo con esa sensación horrible de haber sido un paréntesis en la vida de alguien. Después se fue al regimiento. Hizo su vida. Volvió con ella. Y yo seguí con la mía.
Hoy, cuando lo pienso, entiendo que él nunca vivió lo nuestro como yo. Que para él fue algo cordial, cómodo, quizás confuso. Para mí fue el primer chico que me gustó de verdad. El primero al que le escribí poemas. El primero que me hizo creer que podía ser elegida.
No lo odio. No le deseo nada malo. Pero sí me dolió. Porque no fue solo mi imaginación. Pasaron cosas. Y negarlas ahora es más fácil que hacerse cargo.
Eso fue Santiago para mí.
Un comienzo suave.
Un montón de silencios.
Y un final que no fue, pero que dolió igual.

2 comentarios:

  1. Zufii ╥﹏╥
    Fue un texto corto pero mientras lo leía pude imaginar todas esas cosas lindas que viviste con el; cada mirada, cada caricia y cada gesto no explicado de manera correcta, y lo entiendo muy bien, pues yo pase por algo similar hace 1 año. A día de hoy sigo sin olvidar a ese chico que aunque nunca fuimos nada oficial la química se sentía real... O al menos para mi lo fue

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    1. si!!! Se debe por no hablar las cosas con claridad. Piensas en ese chico, y sabes que él no te recuerda como vos a él. Pasa 1 año y sigues sin olvidar algo que ni siquiera se concretó. A veces duele mas de lo que hubiese sido envés de lo que paso.

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