Vi su cuerpo delgado, perfecto, la cintura mínima, la espalda pequeña. No importaba que fuera invierno ni que llevara treinta capas encima: genéticamente es pequeña, compacta, delicada.
Y yo, a su lado, me sentí una sombra.
No tengo eso.
Nunca lo tuve.
Al pasar frente a una vidriera cercana, el reflejo me engañó.
Por un segundo me vi más alta, más delgada, más parecida a lo que deseo ser.
Por un segundo me creí hermosa.
Después seguí caminando, como siempre: deseando ser mi reflejo, no yo.
Mientras me hablan, mi mirada huye hacia ella.
¿Y yo?
Dicen que soy linda, pero junto a su cuerpo me siento torpe, como si mi belleza fuera una mentira mal sostenida.
La amo, pero me duele verla… y dolerme a mí.
Casandra luce increíble incluso usando un trapo de piso. Hubo veces en que se enamoró de mi clóset, probó mis prendas una por una, y yo solo podía ver cómo a ella le quedaban mil veces mejor que a mí.
Eso hace que ni mi rubio ni mi rostro resalten frente a su delgadez.
Ella es delicada.
Yo me siento grotesca usando la misma ropa.
No quiero pensar en esto, pero es inevitable compararse.
Lo suyo es genético.
Lo mío es lucha.
Celos.
Los malditos celos.
¿De qué sirve tener un rostro lindo si no soy tan delgada como ella?
Ella se ve delicada, frágil.
Yo me siento asquerosa.
Nadie colabora, ni siquiera mi amigo.
Una vez le mostré ropa que me gustaría usar y solo dijo que eso era para chicas como Casandra.
Le dije que se fuera al carajo.
Después estaba llorando, sentada al lado del inodoro.
Pero no es solo el cuerpo.
Ella es inteligente por dedicación.
Yo no.
Mientras los profesores la admiran, yo quedo marcada como “la llamativa”, “la que destaca por su aspecto”.
Y sí, también me va bien académicamente… pero hay un problema: mi adicción.
No bastaron dos meses de recuperación.
Volví.
Y mientras ella crece, yo empiezo a caer.
Mis notas bajan.
Mi cabeza se apaga.
Odio ser una maldita viciosa.
Solo la veo a ella: delgada, inteligente, bondadosa.
Y a mí: rota, comparándome, envidiando.
Sé que tal vez son celos temporales.
O tal vez no.
Me siento rara envidiando algo así, porque sé que es horrible sentirlo.
Y entonces recuerdo las veces que me dijeron que yo generaba celos en otras chicas…
Y pienso que quizás ellas se sentían exactamente como yo ahora,
mirándome,
doliéndose,
odiándose en silencio.
Amiga te entiendo, siempre me ha pasado eso siempre hay una “lacy” y es tan jodidamente fastidioso, el ver como ella resalta, los celos me vuelven loca , el ver hasta mis amigos embobados con ella me quema por dentro porque me pregunto porque, porque no yo.
ResponderBorrarSi, pasa siempre! Y sentirse que nunca eres suficiente! Si no es tu peso, es tu nariz o tus labios, tu cabello y todo en general. Todo es tan jodido con una Lacy la cual constantemente la tienes cerca tuya. Sé que no es su problema en existir, el problema son las chicas como nosotras...😭
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