Quería hablarles de algo que casi nunca se dice completo.
De lo que pasa después del halago. De lo que queda cuando te dicen “sos linda” tantas veces que deja de sentirse como un regalo y empieza a sentirse como una sombra.
A lo largo del tiempo me dijeron muchas cosas, que soy linda, que tengo algo especial, que llamo la atención.
Me han parado en la calle, me han preguntado por mí, me han mirado como si mi cara fuera una invitación.
Como si mi imagen fuera un permiso.Y al principio, no voy a mentir...sorprende.
Cuando venís de un lugar donde nadie te miraba, donde eras invisible o rechazada, el halago parece una victoria, parece justicia tardía parece que, por fin, algo salió bien.
Pero nadie te explica lo que viene después. Nadie te dice que esa belleza empieza a perseguirte, que ya no sos solo vos caminando por la calle: eres tu imagen caminando antes que vos, que a veces entras a un lugar y sentís que no te están viendo a vos, sino a una idea, a una versión, a algo que creen conocer sin haberte escuchado.
Me dicen que soy linda, pero no saben cuánto pesa eso, porque cuando la belleza se vuelve lo primero que ven, también se vuelve una jaula.
Una expectativa.
Un papel que tenes que sostener incluso cuando te sentís rota, cansada o fea por dentro. Y ahí aparece la contradicción que escribí la vez pasada que algunos ya leyeron:
“¿Por qué si soy considerada bonita, me siento tan fea a la vez?”
Porque cuando te persigue tu propia imagen, empiezas a dudar de quién eres sin ella. Empiezas a preguntarte si te quieren por lo que eres o por lo que representas, solo se acercan a vos por interés genuino o por curiosidad.
Si te escuchan o solo te miran. La belleza, cuando es demasiado visible, no siempre protege, a veces expone, a veces atrae miradas que no preguntan, que no cuidan, que no entienden.
Y lo más raro es esto, podes recibir halagos todo el tiempo y aun así sentirte fea. No fea de cuerpo, sino fea de alma, vacía, reducida porque nadie ve el cansancio que hay detrás de sostener una imagen, nadie ve el miedo de ser deseada pero no comprendida.
Nadie ve lo sola que puede sentirse una chica cuando todos creen que “lo tiene todo”.No escribo esto para victimizarme ni para rechazar quién soy hoy. Lo escribo porque quiero ser honesta, porque la belleza no siempre es libertad.
A veces es una persecución silenciosa.Y si alguna vez sentiste que tu imagen camina más rápido que vos, que te precede, que te define sin permiso, entonces quizás entiendas por que ser vista no siempre es lo mismo que ser comprendida. Esta es Belleza perseguida. No como elogio sino como pregunta
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderBorrar